
SURCO le pone candado, nombre y evidencia a cada movimiento del rancho — campo y ganado en un solo sistema, sin pedirle a nadie que cambie la forma en que ya trabaja.
El mayordomo manda un mensaje de voz desde el rancho —«descuenta 200 kilos de urea»— y el sistema lo entiende, lo escribe y lo encola. Nadie tiene que aprender una aplicación nueva.
Nada sale de la bodega sin que alguien lo apruebe, y lo aprobado queda con nombre, hora y foto. El candado no es para desconfiar: es para que al cierre los números tengan de dónde agarrarse.
Lo que salió del almacén contra lo que de verdad se aplicó en el lote. Cuando no cuadra, se ve el mismo día y con nombre — no tres meses después, cuando ya nadie se acuerda.
Ni un tablero revuelto ni dos programas distintos. El campo se mide por hectárea y el ganado por kilo producido: mezclarlos da un número que no significa nada.
Costo por hectárea
$18,940
Costo por kilo
$32.40
No cuadra
3
Traspaso interno de maíz
Del campo a su propio corral, a costo real
Salida sin evidencia
Urea en el lote 7 · nadie subió la foto
Diésel del mes
Campo 61% · ganado 39%
Aplicaciones en tiempo
Las 3 restantes traen motivo escrito
Tres videos cortos, uno por cada cosa que de verdad importa.
Del mensaje del mayordomo al inventario descontado, con foto y nombre.
Qué lote ya se puede cosechar y qué noche va a helar.
Por qué el grano de su propio campo no debe costarle dos veces.
Cuando el campo le entrega grano a su propio corral, dos sistemas separados suman los dos gastos y cuentan el mismo maíz dos veces. El número final se infla y nadie sabe por qué.
SURCO descuenta el traspaso y le enseña el dinero que de verdad salió del banco. Además valúa ese grano a costo real, que es lo único que le dice cuánto se ahorró contra comprarlo afuera.
La gente, la bodega, las máquinas y el diésel. El mismo peón pizca el lunes y alimenta el miércoles.
Campo manda en pesos por hectárea; ganado en pesos por kilo. Un número mezclado no significa nada y el ganadero lo detecta.
Si solo tiene vacas, paga solo lo del corral. Los módulos van por separado.
Semilla, fertilizante, agroquímico y diésel con existencia real por rancho. Lo que sale, sale con vale.
Se pide por WhatsApp o Telegram, en el idioma del rancho. El sistema lo transcribe y lo encola.
La aplicación se reporta desde el lote, con foto y hora. Sin foto, el movimiento queda señalado.
Lo que se mueve de un rancho a otro se descuenta de uno y aparece en el otro. No se duplica.
Lo que se gastó de verdad en cada lote: insumo, gente, máquina y diésel. Al cierre sabe cuál le dejó.
El intervalo de seguridad tras cada aplicación, en rojo o verde. Es lo que evita un rechazo en empaque.
Pronóstico oficial del Servicio Meteorológico Nacional por municipio. Va incluido, sin costo aparte.
Las bitácoras que pide la certificación, llenándose solas con lo que ya se capturó.
El ganado no se mide en hectáreas. Aquí manda el peso producido y lo que costó cada kilo.
Lo que come cada corral contra lo presupuestado, para que un desvío se note en días, no en meses.
El grano que su campo le entrega a su propio corral, valuado a costo real.
El mismo peón pizca el lunes y alimenta el miércoles. Su costo se reparte solo entre los dos frentes.
Tractores y unidades avisan por horas de uso, no por calendario.
Cuánto se fue al campo y cuánto al corral, sin repartirlo a ojo de buen cubero.
Los días que trabajó cada quien, listos para la constancia que pide el IMSS.
Qué se hizo, quién lo hizo y qué se atoró, rancho por rancho.
Déjenos una hora. Le enseñamos el sistema funcionando con un rancho de prueba y usted nos dice si le sirve.